Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Odio no dormirme por la noche. No paro de dar vueltas en la cama. Ni boca arriba, ni boca abajo. Ni contando ovejitas ni recordando el último gol del recreo. Nada, imposible. Pero siempre queda mi abuelito, que se sienta a mi lado y comienza a contarme, con voz profunda y calmada, una de sus historias. Cuando ya se ha ido, me acerco de puntillas a su cuarto. Empujo suavemente la puerta y con una sonrisa en la boca le grito: -¡Cuéntame otro, abuelito!
No hay comentarios:
Publicar un comentario