miércoles, 3 de febrero de 2010

La gran batalla

La fuerte tormenta azotaba el navío con fiereza. Unas olas titánicas rompían contra el casco produciendo un ruido atronador, y el agua, que se acumulaba en la cubierta, arrastraba violentamente pequeños objetos de lado a lado del barco. Las repentinas ráfagas de viento agitaban las velas, casi arrancándolas de cuajo del mástil. El timón del barco giraba descontrolado. La bandera pirata, colgada en lo alto del palo mayor, bailaba una danza irregular al son del himno que la naturaleza, desbocada, estaba componiendo.

Contra todo pronóstico, los tripulantes del barco estaban aguantando con temple la difícil situación. Apenas mostraban nerviosismo alguno. A decir verdad, ya eran muchas las tormentas que habían sufrido juntos, y por algo eran considerados los piratas más temibles de todos los mares. En el momento crítico de una batalla como la que ahora tenían que afrontar, las condiciones climatológicas no suponían un gran problema. Todos esperaban expectantes la llegada de los rescatadores. Seguro que llegarían. Al fin y al cabo eran superhéroes. ¿O no?

— ¡Que cada uno ocupe su sitio! —bramó el capitán desde su puesto de mando. La lluvia le empapaba el rostro y convertía aterradoras sus facciones. Con el garfio de la mano derecha procuraba aferrarse a un cabo cercano, y con la izquierda alzaba la espada apuntando hacia el cielo.

Barbie chillaba histérica: atada de pies y manos al mástil principal, no lograba desasirse de aquellas gruesas cuerdas. El resto de los tripulantes la ignoraban. Tenían mucho que hacer, y el placer de la prisionera podía esperar.

Un hombre vestido de negro surgió de la nada. O eso pareció al menos. ¿Su identidad? Nadie lo sabía. Aterrizó sobre la cubierta dando un ensordecedor grito de furia. Sus ojos refulgentes, detrás del antifaz, conferían a su aspecto una gran ferocidad. El bordado de un murciélago amarillo brillaba en la armadura a la altura de su pecho.

— ¡Garfio! —exclamó el recién llegado apuntando al capitán con el dedo índice de su mano derecha—. Libera ahora mismo a esta joven o tú y tus hombres moriréis aquí esta noche.

Pero Garfio comenzó a reírse con grotescas carcajadas que resonaron a lo largo y ancho del barco.

—Cuento con la mejor tripulación de los cinco continentes. ¿Y crees que tú, un simple hombre-murciélago, lograrás destrozar nuestros planes? ¿Eso es lo que crees? Confiaba en que al menos vendría un ejército entero para salvar a la muchacha.

Al oír estas palabras, Batman bajó la cabeza y esbozó una malévola sonrisa. Y en ese preciso instante, de improviso, una telaraña se pegó en el mástil, al tiempo que Spiderman hacía su aparición unos metros por encima de los demás, de cuclillas sobre el palo horizontal del mástil.

Desde el cielo, Buzzlightyear se posó justo detrás de Garfio. Estiró su brazo derecho y le apuntó directamente al entrecejo, a fin de destruirlo con su láser infernal.

— ¡Javier! ¿Me quieres decir qué demonios estás haciendo? —Mi madre asomó la cabeza junto a la puerta del cuarto de baño—. Anda, haz el favor de salir ahora mismo de la bañera. A ver… Sí, ya tienes los dedos arrugados. Rápido, sal, tu hermana te está esperando para bañarse. ¡Ah! Y trae aquí su Barbie, que lleva un buen rato buscándola.

No tuve otra opción. Me incorporé con lentitud. Mamá arrancó la muñeca del mástil del insigne barco pirata de Playmobil. Chapoteé el agua con rabia: la batalla entre Garfio y sus secuaces contra los superhéroes tendría que esperar hasta mañana. Bah, mejor que mejor.

4 comentarios:

  1. Muy chula la historia! me ha encantado sobre todo el final!te seguiré visitando.

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  2. Fidel cuentame otro!!para ser tu primera entrada esta muy bien! jeje

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  3. es muy bueno!!jaja cuantas veces hemos tenido este tipo de historias en la cabeza??a veces inclusi las seguimos teniendo...no es raro ver a un niño hablando ¿solo?, yo no diria que tan solo, en fin, animo con el blog, es muy bueno!

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  4. Uhm!! Fidel por estos lares! Qué alegría. Buena entrada.

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